Kungfu y Acoso Escolar

Introducción

La práctica de artes marciales entre niños y jóvenes parece relacionarse, según estudios recientes, con una disminución de la incidencia del acoso escolar (bullying). Cada vez más investigaciones señalan que el entrenamiento de artes marciales puede contribuir al desarrollo de habilidades emocionales y sociales que reducen los comportamientos agresivos y ayudan a mejorar la convivencia.

Pero, ¿cómo se produce tal efecto? ¿Y cómo es posible la enseñanza de un arte marcial que, a priori, parece relacionado con la violencia pueda en realidad reducirla y prevenir el bullying escolar?

 

El entrenamiento en Kungfu tradicional 

En el entrenamiento del Kung Fu, como en el de cualquier otro arte marcial tradicional, no sólo se enseñan técnicas relacionadas con la autodefensa o la eficacia en el combate físico —es decir, con la capacidad potencial de ejercer violencia—, sino también una serie de valores relacionados con el control sobre dicha capacidad: disciplina, respeto, responsabilidad y autocontrol.

De esta forma, una escuela de artes marciales tradicionales funciona también como un espacio de educación en valores, donde se fomenta la construcción de identidad personal, el desarrollo del carácter, y de modelos de masculinidad equilibrada basados en el autocontrol, el respeto y la responsabilidad, en lugar de la dominación o agresividad.

Se enseña, entre otras cosas, a controlar la impulsividad, a gestionar la frustración y a responder con conciencia y no de forma agresiva o irreflexiva.

Diversos estudios han encontrado que la práctica regular de artes marciales puede influir en la reducción de la impulsividad y la agresividad general, así como en la mejora del control emocional y la autorregulación.

También se observa con frecuencia una mejora de la autoestima y de la confianza en uno mismo, aspectos psicológicos fundamentales en el desarrollo de la persona en las etapas de la niñez y adolescencia.

Acoso Escolar - Kungfu y Acoso Escolar

 

Kungfu y acoso escolar 

La práctica de artes marciales tradicionales como el Kungfu puede transformar tanto al agresor como a la víctima potenciales, modificando las dinámicas que a menudo están presentes en situaciones de acoso escolar.

En el caso del agresor potencial:

Durante el entrenamiento de Kung Fu no sólo se canaliza la agresividad de una forma socialmente regulada, sino que, al mismo tiempo, también se aprende a controlar la impulsividad, lo que puede contribuir a reducir los índices de agresión.

Otro factor importante es la mejora de la autoestima, pues muchas conductas de agresión o acoso escolar se producen como una forma de afirmar la propia identidad. Es decir, la necesidad de humillar o rebajar al prójimo a menudo se siente porque la propia valía se percibe como frágil o amenazada.

Por otra parte, el niño encuentra referentes adultos que, aunque como artistas marciales tienen una capacidad evidente de ejercer violencia, no se comportan como “machos alfa” o matones, sino de forma respetuosa y humilde, es decir, como personas que ejercen un buen dominio sobre sí mismas y sobre sus emociones, mostrando que la verdadera fortaleza reside en el control sobre uno mismo.

En el caso de la víctima potencial:

El aprendizaje de Kung Fu mejora la postura corporal, la coordinación y la actitud general de la persona, lo que a menudo hace que el niño o niña resulte menos probable como objetivo de acoso, ya que transmite mayor seguridad y confianza.

Por otra parte, la instrucción refuerza las capacidades de afrontamiento y resolución de conflictos, tanto a nivel emocional como interpersonal.

El refuerzo de la autoestima y el incremento de la sensación de seguridad personal ayudan también en la gestión del posible conflicto, pues una persona que no adopta una actitud sumisa tiene, de nuevo, menos posibilidades de ser elegida como víctima.

 

La importancia de la enseñanza 

No obstante, debemos mantener en mente que este proceso no es automático, sino que depende en gran medida de cómo se enseña el arte marcial y del enfoque pedagógico adoptado.

Una enseñanza centrada únicamente en el aprendizaje físico, carente del componente ético, o excesivamente enfocada en ganar, competir o dominar, puede producir los efectos contrarios, incluido un aumento de la agresividad.

Por ello, el papel del instructor es clave en todo este proceso, pues actúa como modelo de referencia y canalizador de todos los valores que el menor aprende durante su formación.

 

Conclusión 

Aunque son necesarios más estudios para comprender mejor todos estos procesos, la literatura científica actual parece apuntar en esta dirección: el entrenamiento en Kungfu infantil, así como en otras artes marciales tradicionales, ayudan a disminuir los índices de acoso escolar, transformando tanto a la posible víctima como al potencial agresor y, en todo caso, potenciando la autoestima e inculcando valores positivos en los niños.

Todo ello constituye un argumento a favor de la implantación de clases de artes marciales como actividad extraescolar, tanto en los propios centros educativos como fuera de ellos, ofreciendo a los menores una alternativa de ocio saludable basada en la disciplina, el respeto y el desarrollo personal.

 

 

Fuentes:

Kuśnierz C, Niewczas M, Cynarski WJ, Bielec G, Rogowska AM. Latent class analysis of aggression in martial arts and combat sports: A cross-sectional study. PLoS One. 2025 Jul 23;20(7):e0328799. doi: 10.1371/journal.pone.0328799. PMID: 40700371; PMCID: PMC12286348.

Xu, T., & Zhang, G. (2019). Research progress of restraining campus bullying by martial arts training. Revista de Artes Marciales Asiáticas, 14(2s), 50–52.

Anna Harwood, Michal Lavidor, Yuri Rassovsky, Reducing aggression with martial arts: A meta-analysis of child and youth studies, Aggression and Violent Behavior, Volume 34, 2017, Pages 96-101, ISSN 1359-1789.

 

 

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