La Impermanencia y la Idea de Cambio en la Cultura y en las Artes Marciales

Lo único inmutable es el cambio

 

A diferencia de la mayoría de tradiciones filosófico-religiosas de Occidente, que hacen hincapié en la vida eterna y lo inmutable, en China y el resto de Asia se entendió la existencia como un constante cambio, expresado por la idea de impermanencia (無常 wúcháng).

El budismo la denomina anitya y la identifica como una de las tres características esenciales de la existencia (Tri Laksana), siendo las otras anattā, insustancialidad o ausencia de yo, y duḥkha, que se podría traducir como descontento o insatisfacción.

El Yì Jīng 易經 o “Libro de los Cambios” (más comúnmente trascrito como I Ching) que apareció a finales del segundo milenio a.C., da cuenta de la forma de entender la realidad en la China Antigua. Concebido como un libro adivinatorio, entiende el cambio como principio rector del universo. En esta concepción de la realidad, los cambios se suceden cíclicamente­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­ y cada estado contiene la semilla de su opuesto.

De la misma forma de entender el universo nacieron la Teoría del Yīn-Yáng 陰陽 y la Teoría de las Cinco Fases 五行 (Wǔ Xíng). Estas fases o estados no son elementos inmutables, sino procesos en constante cambio, en el que cada estado da lugar al siguiente en un ciclo sin principio ni fin.

La enseñanza que se desprende de esta idea de impermanencia es que, al ser todas las cosas transitorias, pretender aferrarse a ellas conduce inevitablemente al sufrimiento. La liberación del sufrimiento pasa por la aceptación de esta transitoriedad. La no-existencia lleva la semilla de la existencia, al igual que la existencia lleva la semilla de la no-existencia. Dice el Dào Dé Jīng 道德經:

有無相生
El Ser y el No-Ser se engendran mutuamente

y también:

反者道之動,
La transmutación de los contrarios es el movimiento del Tao,
弱者道之用。
la flexibilidad es la manifestación del Tao.
天下萬物生於有,
Los diez mil seres han nacido del Ser,
有生於無。
y el Ser ha nacido del No-Ser.

y finalmente:

天地尚不能久,
Si el Cielo y la Tierra no pueden crear nada permanente
而況於人乎?
¿Cómo pretende hacerlo el hombre?

Nosotros, el universo, todo lo que existe es cambiante y perecedero. Nada dura eternamente. Los humanos vivimos en una ilusión de estabilidad en la que creemos que las cosas duran para siempre: la juventud, la vida, la amistad, el amor, la salud, el éxito… Cuando estas cosas tocan a su fin, nos sumergimos en un abismo de dolor y tristeza que nos superan porque también tendemos a imaginarlos como algo perdurable. El sabio acepta el cambio y fluye con él, sin oponer resistencia. Cuando algo bueno llega, lo acepta; cuando se va, lo deja ir, sin aferrarse. Pero cuando algo malo llega, lo acepta también, porque sabe que no durará mucho. Dice el Dhammapada que “adquirir algo conlleva adquirir el miedo a perderlo”. El aceptar que la naturaleza es impermanente nos hace más libres y proporciona paz a nuestra mente.

Pero esta misma impermanencia de los fenómenos externos se aplica también a los fenómenos internos. Hay un breve cuento budista al respecto:

Un día, un joven monje Chan dijo a su maestro con preocupación:

—No puedo concentrarme en la meditación. Por más que lo intento, me distraigo continuamente y mis pensamientos van de acá para allá una y otra vez. ¿Qué puedo hacer?

—Tranquilo, pasará. —Contestó el maestro sin darle mayor importancia.

El discípulo volvió a su meditación y continuó intentándolo. Más tarde, regresó de nuevo a su maestro con una gran sonrisa:

—¡He conseguido concentrarme y entrado en un estado de calma profunda! ¡Es fantástico!

A esto, el maestro respondió:

—Tranquilo, pasará.

Si todas las cosas de la naturaleza son cambiantes, inestables, ¿cómo van a ser estables nuestros pensamientos, emociones o estados mentales? Alegría y tristeza son pasajeras; por ello, ni la euforia ni la desesperación tienen verdadero sentido. Podemos ser más felices si, igual que aceptamos las alegrías, aceptamos las tristezas.

 

La impermanencia en las artes marciales:

Las artes marciales chinas se caracterizan por la no oposición de resistencia. Esta es una manera también de aceptar el cambio y de fluir con lo que sea que viene.

Primero, no existen técnicas infalibles. Esto se debe a que las situaciones reales son cambiantes. Poner en juego una técnica que hemos entrenado en una situación concreta puede que no dé resultado en una situación diferente. En combate, todo se encuentra en movimiento, en cambio continuo. Lo que esperábamos que resultara no es efectivo porque la situación ya ha cambiado. Aceptar este cambio y adaptarse a él es la clave del éxito; de nada sirve ceñirse a patrones rígidos ni fórmulas concebidas.

En la aplicación de técnicas concretas, especialmente en el qín-ná 擒拿 (agarre y luxación), es imprescindible saber adaptarse, saber fluir. Supongamos que iniciamos una técnica, pero el oponente se percata de lo que vamos a hacer y opone resistencia, ejerciendo fuerza en dirección contraria a nuestro movimiento. En este momento, nosotros hemos de ser capaces de detectar el cambio y adaptarnos a él. Esto significa dejar de forcejear. La técnica que estábamos comenzando ha dejado de servir, porque la situación es ya diferente. En este caso, debemos de cambiar la técnica; en vez de ir en contra de la fuerza del oponente, ir a favor y ayudarnos de su energía para ejecutar una nueva técnica.

Esto es algo fácil de entender en el entrenamiento marcial, pero también es aplicable a cualquier situación de la vida, y esto resulta más complicado de entender. Parece que nos cuesta dejar de “forcejear” con la vida y aprender a fluir, porque estamos acostumbrados a creernos con el control de todo, a creer que podemos controlar nuestra vida y todo lo que ésta envuelve. Pero la vida siempre tiene sus propios planes y, si queremos ser felices, debemos aceptarlos, estar dispuestos a aceptar el cambio.

Finalmente, el cuento budista que hemos citado antes puede aplicarse a la práctica marcial o a cualquier otro ámbito de la vida, además de a la meditación. Habrá días en los que todo nos salga mal y nuestro desempeño sea muy pobre, pero pasarán; y habrá días en los que estemos especialmente lúcidos y rocemos la perfección en cada técnica, pero también pasarán. Ni hemos de frustrarnos por unos ni enorgullecernos por los otros, sino mantenernos en calma y en la plena aceptación de lo que acontece en cada instante.

 

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